Comprender el chemsex exige atender también al placer, los vínculos y los contextos sociales

Una revisión sociológica analiza cómo las definiciones, el estigma y la diversidad de experiencias influyen en el conocimiento del chemsex y en las respuestas de prevención y atención

Autor: Juanse Hernández

Fuente: https://www.gtt-vih.org/publicaciones/la-noticia-del-dia/07-10-26/

Comprender el chemsex requiere atender tanto a sus posibles daños como a las experiencias y los contextos sociales de quienes lo practican. Esta es la propuesta de un artículo publicado en Annales Médico-psychologiques. El trabajo revisa cómo se ha definido este fenómeno y qué aportan las ciencias sociales a su comprensión. Sus autores plantean que el placer, las relaciones y la pertenencia comunitaria forman parte de esas experiencias. También pueden aparecer situaciones de sufrimiento, dependencia o aislamiento.

El artículo reúne investigaciones y enfoques teóricos, principalmente de las ciencias sociales. Se trata de una revisión narrativa. No presenta una nueva encuesta ni calcula cuántas personas practican chemsex. Examina cómo se construye el conocimiento sobre estas prácticas y qué aspectos pueden quedar fuera cuando se estudian únicamente desde el riesgo sanitario.

Una categoría con una historia y distintas definiciones

El chemsex suele referirse al consumo intencionado de determinadas sustancias psicoactivas para facilitar, intensificar o prolongar las relaciones sexuales. Se estudia especialmente entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres. Sin embargo, no existe una única definición compartida por todas las investigaciones.

Las diferencias afectan a las sustancias incluidas, las motivaciones, las poblaciones y los contextos. Algunas definiciones se centran en productos como el GHB/GBL, las catinonas sintéticas o la metanfetamina. Otras incorporan más sustancias. El consumo sexualizado de sustancias es una categoría más amplia. Incluye el chemsex y otras formas de combinar sexualidad y consumo.

Estas diferencias tienen consecuencias prácticas. Dos estudios pueden incluir sustancias distintas o reclutar participantes en espacios diferentes. En ese caso, sus resultados pueden describir realidades distintas. Los autores advierten de que la variación entre las estimaciones de frecuencia no siempre refleja diferencias en la extensión del fenómeno.

Aunque el término chemsex se difundió en los años 2000, las relaciones entre sexualidad y sustancias tienen una historia más larga. La revisión recuerda su presencia en espacios festivos y sexuales gais. También recoge el desarrollo de investigaciones durante las décadas de 1980 y 1990, en el contexto de la epidemia del VIH.

Según los autores, las prácticas actuales deben entenderse dentro de esa historia. A ella se suman cambios como la disponibilidad de nuevas sustancias y el uso de aplicaciones de encuentro. Los trabajos citados describen cómo estas aplicaciones facilitan encuentros en viviendas particulares y modifican las formas de relacionarse.

El placer y las relaciones también forman parte de la experiencia

Una de las investigaciones que recoge el artículo es APACHES. Este estudio cualitativo se realizó en Francia con 37 hombres que tienen sexo con hombres. Su objetivo fue conocer el significado que los participantes atribuían a sus prácticas.

La investigación identificó la búsqueda de placer como un elemento central. En los relatos aparecían también la expresión de uno mismo y los vínculos afectivos. Los participantes describían espacios de relación en un entorno social donde la homosexualidad puede ser estigmatizada.

Otros trabajos citados exploran el papel de la intimidad y las emociones compartidas. Desde estas perspectivas, algunas personas pueden vivir el chemsex como una forma de conexión con otras, de pertenencia o de exploración sexual. Reconocer estos significados ayuda a comprender las motivaciones. No implica que todas las personas compartan la misma experiencia.

APACHES también recogió relatos en los que el placer dio paso a dependencia, violencia o prácticas sexuales no consentidas. La revisión aborda además el consumo por inyección, denominado slam. Señala que puede asociarse a una intensificación de la práctica y a situaciones de pérdida de control. Los estudios citados lo relacionan también con mayores riesgos de complicaciones infecciosas.

Estas experiencias pueden cambiar a lo largo del tiempo. La búsqueda de conexión puede coexistir con sufrimiento o terminar acompañada de aislamiento. Las trayectorias descritas no permiten equiparar toda práctica de chemsex con dependencia. Tampoco justifican que se reste importancia a sus posibles daños.

El estigma y el entorno social importan

La revisión utiliza el concepto de «estrés de minorías» para explicar una de las posibles relaciones entre el entorno social y el consumo. Describe la presión añadida que pueden experimentar las personas expuestas a discriminación, rechazo o violencia por su orientación sexual o identidad de género. También incluye el temor a sufrir rechazo y la incorporación de mensajes negativos sobre uno mismo.

Desde este marco, el chemsex puede interpretarse, en algunas trayectorias, como una forma de afrontar ese malestar. Los autores subrayan que el estrés asociado a la discriminación no explica por sí solo el recurso al chemsex. Esta perspectiva sitúa las experiencias individuales dentro de condiciones sociales y relacionales más amplias.

Otras investigaciones revisadas ponen el acento en las relaciones afectivas. Describen cómo las rupturas y el sufrimiento emocional pueden acompañar cambios hacia consumos menos controlados. A su vez, los vínculos entre participantes pueden facilitar el intercambio de conocimientos y prácticas de reducción de daños.

El artículo señala que la investigación ha prestado una atención desigual a las distintas poblaciones. Buena parte de la literatura se centra en hombres gais y bisexuales cisgénero blancos de Europa y Norteamérica. Las experiencias de personas trans, no binarias y de otras comunidades están menos representadas.

Por eso, los autores proponen examinar cómo se combinan la orientación sexual, el género, la posición social y las distintas formas de discriminación. Esta mirada permitiría comprender mejor la diversidad de experiencias y las desigualdades en el acceso a prevención y atención. También invita a debatir las fronteras del término chemsex. No puede asumirse que cualquier consumo de sustancias en un contexto sexual corresponda a la misma realidad.

Escuchar las experiencias para mejorar las respuestas

Las propuestas del artículo para la atención se apoyan en investigaciones sobre necesidades y experiencias con los servicios. Los trabajos citados de Quebec señalan que algunas necesidades de quienes practican chemsex están insuficientemente cubiertas. Destacan la importancia de incorporar la dimensión del placer, la reducción de daños y la participación comunitaria.

Los autores defienden respuestas que tengan en cuenta qué buscan las personas y qué dificultades encuentran. También proponen atender a cómo cambia su relación con estas prácticas. Una atención sin estigma requiere poder hablar tanto de los beneficios percibidos como de los daños y las necesidades de apoyo.

La revisión recoge que los propios participantes desarrollan estrategias para limitar daños. Al mismo tiempo, intentan preservar las experiencias que valoran. Reconocer ese conocimiento puede contribuir al diseño de respuestas más ajustadas a sus realidades.

Estas propuestas deben leerse dentro de los límites del trabajo. La revisión no demuestra qué intervenciones son más eficaces. Tampoco permite trasladar todas las experiencias descritas a cualquier población o territorio. Su aportación es ampliar las preguntas que se formulan sobre el chemsex. Junto a los riesgos sanitarios, propone considerar las motivaciones, las relaciones, el estigma y las condiciones en las que las personas pueden acceder a apoyo.

Referencia: Annales Médico-psychologiques, revue psychiatrique / Elaboración propia (gTt-VIH)
Fuente: Jauffret-Roustide M, Flores-Aranda J, Rivierez I, Serot M. Une lecture sociologique du chemsex. Expériences, contextes, controverses et frontières. Annales Médico-psychologiques, revue psychiatrique. 2026. Artículo en prensa. DOI: 10.1016/j.amp.2026.08.001.